Si eres especialmente sensible a las alergias
Si eres especialmente sensible a las alergias, la acumulación de polvo y ácaros en un viejo colchón puede convertir tu tiempo de descanso en una sucesión de estornudos y dificultades para respirar. Por eso antes de someter a tu colchón a un plan renove es conveniente que le pases la aspiradora con cuidado por toda su superficie e intentes eliminar estos restos. Si después de hacerlo observas que no ha cambiado nada, es el momento de que cambies tu viejo colchón por un nuevo hipoalergénico dentro de la amplia gama de productos que existen.
La suciedad que se deposita en los colchones
Mención aparte merece el capítulo dedicado a la suciedad que se deposita en los colchones a lo largo de su vida. Diversos estudios han revelado que estos elementos acumulan una gran cantidad de bacterias, hongos y ácaros, que convierten su renovación periódica en un asunto que va más allá del descanso y que entra dentro del capítulo de la higiene y la salud.
La calidad de tu sueño ha empeorado
Así que si notas que desde hace algún tiempo la calidad de tu sueño ha empeorado, incluso a pesar de haber probado algunas soluciones para estimular el sueño y reducir el estrés, como tomar infusiones de plantas relajantes, cuidar tu dieta y hacer ejercicio, quizá sea hora de tomar la decisión de separarte de tu viejo colchón.
¿Cada cuánto debes cambiar de colchón?
Y esto nos lleva a la pregunta que nos hacíamos al comienzo: ¿Cada cuánto debes cambiar de colchón? Por término general, es conveniente que lo renovemos cada 8 o 10 años para asegurarnos de que mantiene todas sus propiedades y características intactas.
Debes tener en cuenta que los colchones tienen una vida útil limitada y que sus propiedades se van degradando con el paso del tiempo. Y los principales perjudicados por esta degradación no son otros que nuestro descanso y nuestra salud.
Encontrar el colchón adecuado para nuestra edad
A ello se le añaden los cambios que experimenta el cuerpo humano con el paso del tiempo, que hacen que nuestro colchón se tenga que adaptar a ellos para procurar el mejor descanso posible en cada momento de nuestra vida. De la misma forma que a una persona adulta nunca se le ocurriría utilizar el colchón de un niño para descansar, tampoco resulta razonable pensar que un colchón puede adecuarse automáticamente a los cambios que experimenta un ser humano a lo largo de 15 o 20 años. No solo porque no podrá ofrecer una sujeción adecuada sino porque los cambios físicos que ha sufrido esa persona habrán contribuido a modificar las características iniciales del colchón.